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¿Quién es Katherine Mansfield? La Rebelde de Nueva Zelanda


“¡Arriesga! ¡Arriésgalo todo!

Que no te importa más la opinión de los demás, esas voces.

Haz por ti lo más difícil de hacer en el mundo:

Actúa por ti mismo y encara la verdad” (1927)



Wellington, Nueva Zelanda vio nacer a su hija rebelde Katherine Mansfield. En realidad tenía que haber sido niño, según su madre que la rechazó desde el momento de su nacimiento el 14 de octubre de 1888. Su verdadero nombre, Kathleen Beauchamp; su ambiente, la clase media de un país colonizado y las mujeres: dos tías adolescentes, su abuela –que fue de cierta manera su salvación–, su madre controladora y un padre que casi no pinta para ella, hasta que es viejo y viudo.

Toda una vida tardó Kathleen en querer recuperar su niñez, en valorar su pueblo, en amar con fuerza a su padre, pero a veces la melancolía llega cuando el alma duele, cuando ya no tienes fuerza para luchar. Enferma de tuberculosis su “retorno a casa” y la “búsqueda de la familia” marcarán su escritura, que siempre nos sabrá a poco porque Kathleen Beauchamp convertida en Katherine Mansfield muere a los treinta y cinco años, en plena cima de su carrera.

1. Caos, viajes, éxito y enfermedad

La vida de Mansfield estará marcada por un continuo peregrinar, las mudanzas serán parte de su existencia, quizás su inestabilidad interna, su búsqueda constante, son reflejo en su movimiento externo. Los años más felices de su vida, los vive en el campo, en Yarori, donde se muda con su familia 1893 y nace su hermano Leslie, su adoración y su gran dolor cuando muere en el campo de batalla, durante la Primera Guerra Mundial, con tan sólo veintidós años. Desde entonces la nostalgia se acomoda en el corazón de la escritora.


El espacio para que las mujeres escribieran a finales del S XIX era poco, y es en la revista de la escuela en Wellington a su regreso en 1898, cuando Katherine logra debutar como escritora.


También tocaba el violoncelo y entre sus cuerdas tendrá grandes amores y decepciones, primero por haberse enamorado prematuramente de su maestro, mismo que la rechaza, y en la sensibilidad de Katherine, queda la marca de este desamor para siempre, tanto, que convence a sus padres siendo una adolescente, para que la dejen irse de Nueva Zelanda y estudiar en Londres. Lo consigue entrando al Queen’s College de donde se gradúa. La vida de la gran metrópoli la rebasa, entre letras y música conoce a Ida Constance Baker, de quien se enamora, convirtiéndose en su novia y después en su amante, comenzaría así su vida bisexual.


Al terminar sus estudios sus padres la obligan a volver a Wellington, tratando desesperadamente de calmar el ímpetu y la vida que su hija llevaba. Pero al poco tiempo ella se arrepiente y regresa a Londres.

Durante todo este tiempo nunca deja de escribir para las revistas escolares y de tocar el violoncelo, hasta que su padre le prohíbe ser profesional de la música. Sensible y bohemia, frustrada por no poderse dedicar a su primera pasión es cuando conoce al joven Garnet Trowell de quién queda embarazada. Sus padres se oponen a su relación y se imponen para que termine con él. Su madre avergonzada por su embarazo la lleva a vivir a Alemania, donde pierde al bebé. Este evento hará que se aleja para siempre de su madre y su mal trato.

Para 1910 ya había regresado a Londres sola, con un aborto y separada de su familia, se casa entonces con un profesor de canto once años mayor que ella, George Bowden, su inestabilidad era tal que al estilo Frida Kahlo lo abandona en la misma noche de bodas.

Pero el despunte de su carrera estaba por comenzar: “Al comprenderme a mí misma quiero comprender a los demás. Quiero realizar todo lo que soy capaz de hacer”. Publicó su primer libro de narraciones “Pensión de familia Alemana” en 1911.

Ese mismo año comenzaría su intensa relación con el editor de la revista “Rythym”, John Middleton Murry, con quien se casa y dura poco más de un año. Tras quebrar su revista decide abandonarlo y también a Ida Baker, con quien nunca rompió relación realmente, incluso vivieron los tres juntos. Este triángulo amoroso, con la intensidad de sus aristas: el corazón de una mujer enamorada de otra, pero casada con el marido perfecto se refleja con maestría en su cuento “Bliss” o “Felicidad”. Según Cortázar unos de los diez mejores cuentos escritos en la historia. Mismo que enloqueció a Clarice Lispector y le dedica su libro “Felicidad Clandestina” en 1971, en un pequeño homenaje por la escritora que más admiró en su vida.

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Katherine sigue huyendo, quizás tratando de llenar el vacío que la acompañaba desde siempre, quizás solo siendo un alma libre: privilegio prohibido para las mujeres de su época. Son la pérdida y la enfermedad, las que comienzan a hacer en Mansfield un cambio profundo, primero por la muerte de su hermano en el campo de batalla en 1916 y después cuando contrae tuberculosis, con la sentencia de muerte que esto implicaba. Escribía entonces así: “Quiero la tierra y sus maravillas: el mar, el sol. Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano consciente y sincero”.

Es así, enferma y en profundo dolor cuando más comienza a producir y estar enfocada, mientras su peregrinar por toda Europa cambia de objetivo, ahora buscando desesperadamente una cura contra su enfermedad, incluso de formas muy extrañas y peligrosas. Mansfield, siempre en el límite.

En 1918 publica su segundo libro, “Preludio”, y continua sus relaciones tormentosas con Ida y John, ahora se instala en Italia y produce en 1920 su libro de historias “Por Favor”, donde alcanza por fin el éxito. Le seguiría en 1921 “Felicidad y otras historias” y “El Viaje” escrito desde Suiza; y apenas un año después “La Fiesta en el Jardín”.

2. Una Escritura Universal y Permanente

Katherine Mansfield te lanza sin mentiras al interior de las personas, de las familias y de la sociedad. Huye del “felices para siempre” para plantear la realidad como es. Sin adornos.

Quizás eso fue lo que más admiró Lispector y lo que la mantiene universal y permanente. Sus personajes son reflejos muy humanos, hombres y mujeres imperfectos, absurdos o inocentes, infieles, posesivos, agrios, superficiales…todos, rompen el mito de la perfección.

Narra lo cotidiano, dejando huella de la verdad interior. Sus historias cargadas de simbolismos colocan a sus personajes en el torbellino del interiorismo, ya que conforme avanzan vamos sintiendo el pensamiento y entendiendo el sentimiento, sobretodo de sus mujeres. Y sin embargo, en los escritos de Mansfield no hay juicio, hay observación, eso es suficiente para que el lector se paralice.

La grandeza de mujeres como Mansfield es justamente la valentía de escribir, en un mundo de hombres, sobre lo femenino sin ser feministas; denunciar el mundo de las mujeres, sus parejas y sus vidas, pero desde ellas mismas, no como víctimas, sino como decisoras de su inmovilidad.

“Primero soy escritora y después mujer”

Fue reconocida en vida, lo cual no sucede muy a menudo, y es que yo creo que las mujeres lectoras de este siglo estaban hambrientas de ver escrita la verdad, su verdad.

Luchó con su pluma contra ella misma, su sociedad y sobretodo sus propias decisiones. Libre o más libre que muchas mujeres de su época, delató la moralidad familiar castrante de principios del siglo XX. La libertad de Mansfield está justamente en escribir de esa realidad inmóvil, que ella se negó a vivir, porque rompió todos paradigmas sociales, quebrando las convenciones morales, su vida fue de amores y divorcios, amistades y sexualidad abierta y doble y múltiple, dudas, fuga, viajes, soledad…todo menos inmovilidad. A través de sus letras se desligó de toda identificación. Amiga profunda de la Wolf, entre celos y conflictos se movió con los intelectuales de una Europa que después de llorar sus muertos y su guerra, se abría sin opción a la psicología afectada de sus individuos más por sus familias y costumbres, sus moralismos e incongruencias que por la guerra misma.

Su carrera era una escalada, su producción inmensa cuando la muerte la alcanza en Paris con apenas 35 años. Sin embargo, Murry no deja morir ni su memoria, ni sus escritos, ya que los reúne en dos volúmenes, el primero denominado “El Canto del Cisne” y el segundo “Algo Infantil”. Igualmente es él quien publica “El Diario de Katherine Mansfield” en 1927 y un año después sus “Cartas”, gracias a los cuales podemos tener una mayor constancia de la vida, sufrir, lucha, desasosiego y entrega a la letras de esta mujer, así como su intensidad y pasión por vivir.


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Fotografías "Inicio" y "¿Quién es Elisa? Vía: Daniel Carrera @danielcarrera

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