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La vocación humana según Platón y Aristóteles



El objeto de estudio del presente trabajo es la vocación humana desde la mirada de Platón y Aristóteles, en el entendido previo que ninguno de los dos filósofos manejó el término de vocación como tal. El sentido en el que se utiliza para efectos de esta investigación es amplio y profundo, como bien lo define Eduardo Nicol: “La vocación de la vida no es el camino de una profesión, sino aquello que nos movió a elegirla; más aún, lo que nos mueve a seguirla ejerciendo de un cierto modo.”[1]


Así, es importante distinguir lo qué es la vocación y su diferencia con otros términos como profesión o misión, de tal manera que la búsqueda y hallazgo en los textos de Platón y Aristóteles sea lo más específica posible, evitando ambigüedades.


La palabra vocación, proviene etimológicamente del latín vocatio, derivada a su vez de vocare que significa la acción de llamar o ser llamado.[2] Por influencia religiosa cristiana al término se le dio un uso en el ámbito de los religiosos: “Porque muchos son llamados y pocos escogidos” (Mateo 22,14). Después se generaliza igualmente a profesiones que implican un llamamiento especial y por tanto sacrificio como médicos, maestros, enfermeras o filósofos, entre otras.


Platón no habla del ser humano escogiendo una profesión, sino de las almas que al encarnar pueden ejercer una u otra función de acuerdo a cómo hayan experimentado, primeramente aún con alas, su contemplación de lo divino, es decir de lo bueno, bello y verdadero, que son las esencias de esto mismo y que están en las regiones superiores de los cielos; así como sea la caída inevitable del alma a esta tierra, tras corromperse, en la cual olvida lo apreciado y pierde sus alas. Platón expone esta idea en la alegoría del cochero y su carro jalado por dos caballos: uno de raza buena y otro de mala raza, y la lucha y desequilibrio entre éstos lo que lleva al alma a caer en la tierra y no animar en esta primera generación, por alguna ley, a ningún animal y es en este momento donde se determina lo que cada quien será:


El alma que ha visto, lo mejor posible, las esencias y la verdad, deberá constituir un hombre, que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor; la que ocupa el segundo lugar será un rey justo o guerrero o poderoso; la de tercer lugar, un político, un financiero, un negociante; la del cuarto, un atleta infatigable o un médico; la del quinto, un adivino o un iniciado; la del sexto, un poeta o un artista; la del sétimo, un obrero o un labrador; la del octavo, un sofista o un demagogo; la del noveno, un tirano. En todos estos estados, a todo el que ha practicado la justicia, le espera después de su muerte un destino más alto; el que la ha violado cae en una condición inferior. [3]


Después de la muerte, el alma vive otro proceso en un paraje del cielo, con las recompensas de acuerdo a cómo vivió en la tierra, si virtuosamente o no y después de mil años, son llamadas de nuevo para un nuevo arreglo de condiciones que hayan de sufrir y escogen el género de vida que mejor les parezca.[4]


Por su parte Aristóteles, no habla tampoco de vocación como tal, sino de cómo se debe vivir lo qué eres y estás viviendo. Así, centra su pensamiento más que en una u otra profesión, elegidas por el alma humana en un espacio ajeno a la tierra –como la idea de Platón–, en el bien supremo que debe de alcanzar el hombre en la tierra que es la felicidad, la cual consiste en perfeccionarse en cuanto hombre, distinguiéndolo de todas las demás cosas. Un determinado tipo de vida, para Aristóteles, es la actividad del alma y las acciones (constantes, no de un solo día) acompañadas de la razón, y la función propia del hombre de valor, llevarla a cabo bien y a la perfección.[5]


Ambos filósofos se adentran a la “vocación” de la vida del ser humano, desde lo que lo anima: el alma y ésta siendo virtuosa o no en la vida que está viviendo. El uno, Platón, se coloca más en las consecuencias que vive el alma de acuerdo a cómo decidió vivir su quehacer en la vida y de ahí se desprende sus siguientes posibilidades de elección. Y Aristóteles, no se apertura a un cambio o elección libre sobre lo que puede hacer el hombre en la tierra, pero sí una decisión sobre vivir en plenitud lo qué es, hombre, bajo el bien supremo. No hay una posibilidad de cambio de destino, pero sí de vida en plenitud.


A lo largo del trabajo, se tocará con más detalle la postura de ambos filósofos, pero con un punto de partida claro sobre lo qué es la vocación desde la mirada filosófica. El desarrollo lógico que sigue esta investigación es en primer término la definición y entendimiento de lo qué es la vocación humana, no desde una postura propia, ni personal, sino sustentada en las teorías de Eduardo Nicol, elegido debido a que sus afirmaciones no provienen de apreciaciones personales y conclusiones individuales nada más, sino que incluyen el pensamiento elaborado sobre el tema por filósofos y pensadores anteriores, empezando por los mismos Platón y Aristóteles, Sócrates, pero también tomando residuos valiosos de algunos presocráticos, y de los modernos y contemporáneos: Pascal y Descartes; Hegel y Heidegger que se ven citados constantemente en su libro sobre el tema.[6] Después será la perspectiva de Platón, seguido de Aristóteles sobre la vocación del hombre y la manera de vivir la vida. La investigación termina con una conclusión que nos permita determinar los puntos de encuentro y desencuentro entre los tres filósofos.



Definiendo Vocación y un sustento en las ideas de Eduardo Nicol



La vocación de la vida es el afán del ser, (San Juan de la Cruz).[7]



Como mencionamos anteriormente la palabra vocación proviene de vocare la acción de ser llamado, la vocación por lo tanto podría definirse de manera llana como un llamado (el cual es interno y personal)[8] para ser y hacer algo en especial con nuestras vidas. Sin embargo, quedan volando preguntas sustanciales como “llamado por quién” o “de dónde surge ese llamado”; “todo mundo lo tiene o es para algunos elegidos”; “qué sucede sino lo escuchamos o decidimos evadirlo”; “¿ese llamado es nuestra profesión?”. Del llamado se pueden o no desprender las profesiones individuales, y dependerá de cada individuo que así sea, pero las motivaciones por las cuáles se decide llevar a cabo esa profesión debieran de ser por decisiones más hondas: una forma de ser, más que una profesión, es lo que da carácter a nuestro ser.[9]


Con el objetivo de no caer en definiciones ambiguas sobre lo qué es la vocación humana, ni dar por hecho conceptos que pueden ser equívocos aunque se sientan comunes, se tomó como base de esta investigación lo escrito por Eduardo Nicol en su libro: La Vocación Humana, el cual recoge diecinueve trabajos diversos sobre el tema, escritos entre 1939 y 1952.[10]


La forma de responder a este llamado interno, a la vocación, desplegará una forma de existencia. La claridad no siempre acompaña a la vocación, de hecho la duda forma parte inequívoca del proceso de decisión porque no estamos dotados de la suficiente fuerza y certidumbre para analizar las opciones que se nos presentan como posibles vocaciones. Pero cuando el llamado es respondido, “porque nadie puede hacer oídos sordos al llamado”, dice Nicol, viene acompañado del opuesto de la duda: claridad, certeza, precisión y cierta ansiedad que se convierte en fuerza motora para el individuo. Si después resulta una persona exitosa o no y una vida agradable o sufrida dependerá de otros factores como la suerte y del individuo mismo. [11]


Hay vocaciones profesionales que requieren de una entrega total y no dejan espacio para otras actividades al margen, como debía de ser la vida del filósofo, del artista, del poeta, del médico o el maestro, la vida de sacerdotes y monjas y monjes de todas las religiones.


En su libro, Cartas a un Joven Poeta, Rainer María Rilke, expone al joven que quiere saber si es o no un poeta, una fórmula para saberlo tan inequívoca, como angustiosa:


Nadie le puede dar consejo o ayuda. No hay más que un solo camino. Entre en usted mismo, busque la necesidad que lo obliga a escribir: examine si sus raíces penetran hasta lo más profundo de su corazón. Confiésese a usted mismo: “¿moriría si le estuviese vedado escribir?” Sobretodo esto: pregúnteselo en la hora más silenciosa de la noche: “¿verdaderamente me siento apremiado para escribir?”. Hurgue en sí mismo hasta la más profunda respuesta. Si es afirmativa, si puede enfrentar una pregunta tan grave con un fuerte y simple: Debo, entonces construya su vida de acuerdo con esta necesidad. Su vida, hasta en los momentos más indiferentes, los más vacíos, debe convertirse en signo y testimonio de tal impulso.[12]


Es este tipo de llamado, el que denomina Nicol: profesión vocacional. Y no todas las vocaciones están determinadas a ser vividas así, ni todas las profesiones a ser vocación de tal manera. Sin embargo, como sostendrá Aristóteles, sí todos los hombres están inclinados al bien y a obtener el bien supremo, que es la felicidad, a través de la manera en qué lleven a cabo su vida[13].


Por otro lado, para determinar cuándo surge la vocación o el plan vocacional Nicol nos habla de cómo no es la naturaleza biológica y todas sus funciones completas, es decir, la madurez orgánica y funcional lograda en la adolescencia lo que hace que el ser humano esté completo, sino que su vida propiamente humana está por empezar justo en ese momento. Ya que sólo hasta que los planes orgánicos están completos puede el hombre comenzar un plan de vida, un plan de vida para su vocación. Lo cual no significa de ninguna manera que el hombre está en este momento completo, al contrario el hombre es todo posibilidades o potencia en lenguaje Aristotélico. El hombre es un ser cuya existencia consiste en irse completando indefinidamente. Para él completarse, es dejar de ser: morir. En este sentido el plan vocacional será la elección entre las múltiples posibilidades o potencialidades de ser, una vez que la vida orgánica y sus necesidades funcionales están completas. [14]


El hombre estará orientado a una vocación para la vida, y tendrá desde ahí toda posibilidad, pero por ser un ser temporal tendrá que estar orientado también a la muerte, por más angustia que esto pueda provocar. La tensión entre saber qué se va a morir, y tener que vivir la vida es dónde radica, para el autor, la verdadera motivación para elegir una vocación. [15]


Con estas ideas como base, pasamos ahora a Platón y Aristóteles, a sus concepciones personales sobre la existencia del hombre en función de su trabajo, de su oficio y como veremos más aún sobre cómo llevarlo a cabo.



Platón y el mundo donde se elige la vocación


Platón no tiene identificado un término que se refiera a la vocación, sin embargo, sí hay para él un motivo por el cual elegimos una actividad en lugar de otra. No tiene que ver con el proceso de elección de una profesión como lo hacemos hoy en día o como vimos hace referencia Eduardo Nicol, sino se refiere a un proceso que vive el alma en lo alto de los cielos antes de verse encadenada a un nuevo cuerpo.[16]


Para poder comprender al hombre, Platón utiliza de nuevo un mito en el Fedro, donde explica el alma humana con detalle mediante la comparación de un carro guiado por un cochero y arrastrado por dos corceles voladores: uno es blanco y bueno, representa la templanza y el honor, tiende hacia lo alto y volar hacia los cielos. El otro es negro y agresivo, tira hacia abajo y representa las fuerzas negativas, el mal y la vida sensual. El cochero simboliza la razón y se mantiene en lucha por mantener el equilibrio y lograr la armonía. Es en esta tensión que si gana el vicio y la falta de pericia del cochero, el carro perderá sus alas y descenderá a la tierra encarnado en este primer viaje como humano. Mientras vuela en lo alto, el alma alcanza a conocer lo divino, lo contemplan desde diferentes cercanías, dependiendo tanto de la habilidad del cochero, como de la fuerza, la virtud y claridad del corcel blanco. Al encarnarse el alma, olvida lo observado quedándose sólo con la mediocridad de la opinión y la posibilidad del recuerdo[17].


Es en este segmento donde podemos encontrar una mayor claridad sobre lo que Paltón opina de las profesiones y cómo se “elijen”, ya que dependiendo de la cercanía con la verdad a la que estuvo expuesta el alma y la posición lograda para haber visto lo mejor posible, es que cada hombre será en la tierra:

  • Primero o el mejor ubicado–será un hombre que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor.

  • La que ocupa el segundo lugar – será un rey justo o guerrero o poderoso.

  • El tercer lugar – un político, un financiero, un negociante.

  • El cuarto – un atleta infatigable o un médico.

  • La del quinto – un adivino o iniciado.

  • La del sexto – el poeta o artista.

  • El séptimo- será obrero o labrador.

  • El octavo – un sofista o demagogo.

  • La del noveno – un tirano. [18]


Platón abiertamente opina de manera negativa sobre las artes y todos los que se dedican a ella, por ser una imitación y no ser verdad, así oficios como el poeta los considera no virtuosos, incluso asegura que nunca observarán lo que se encuentra sobre la bóveda celeste: “ninguno de los poetas de este mundo ha celebrado jamás la región que se extiende por la cima del cielo; ninguno la celebrará jamás dignamente”.[19]


En esta concepción estratificada de los seres humanos, podemos igualmente vislumbrar la sociedad griega jerarquizada y de acuerdo con Platón, son las actividades más nobles las dedicadas al pensamiento, a la razón y al espíritu, y después van descendiendo a otras escalas. Sabemos que en Grecia existía la esclavitud, y es de recalcar que en esta generalización de lo que son las almas encarnadas, los esclavos no pintan como seres humanos, ni tampoco como almas con posibilidad de cambio o decisión, ni en la tierra, ni en los cielos.[20]


Ahora bien, cada hombre podrá durante su estado terrenal prepararse un mejor futuro tras su muerte: “si han actuado con justicia, le espera después de su muerte un destino más alto; el que la ha violado cae en una condición inferior”. Platón habla de tiempos en los que el alma, espera una nueva condición de vida, son en ese espacio diez mil años los que tiene que esperar un alma que ya fue encarnada después de la muerte del cuerpo para recuperar sus alas, a no ser una vez más, que haya dedicado su vida a cultivar la filosofía y a amar a los jóvenes con un amor justo así, filosófico, y que haya hecho esto por lo menos tres vidas seguidas, puede entonces recuperar sus alas y volar para estar con los dioses. Las demás almas, vivirán después de su primera vida un juicio y dependiendo como se hayan comportado, descenderán de nuevo y de inmediato a la tierra o bien son llevadas a un paraje donde reciben su recompensa por la vida virtuosa. Y será después de otros mil años que serán llamadas para ajustar unas nuevas condiciones y sufrir lo que les corresponde. Es en este momento que el hombre puede elegir, y sólo después del juicio, a qué se puede dedicar y sería ese espacio de tiempo y decisión lo equivalente a la vocación humana: “y cada una puede escoger el género de vida que mejor le parezca”. [21]



Aristóteles, más que vocación, el bien


Aristóteles no utiliza el término vocación, ni el concepto de un llamado para desempeñar un oficio u otro, tampoco se plantea la existencia de una elección libre para decidir a qué dedicarse en la vida ya sea en un momento terreno o previo a la vida, como lo plantea Platón. Sin embargo, Aristóteles sí hace referencia a la forma en como se debe de llevar acabo cualquier trabajo y la vida misma realizando esa profesión, lo cual sí implica una decisión personal.


Es en la Ética Nicomaquea y la Política dónde trata con mayor énfasis el tema que aquí nos atañe.


Para Aristóteles la elección libre sobre qué trabajo u oficio desempeñar no es considerada, sin embargo menciona un concepto que es la Proáiresis que es diferente a la praxis o acción, que tiene que ver con la elección racional, deliberada y consciente (que no es deseo voluntario o boúlesis) que tiene por objeto el campo de acción de lo posible para cada individuo dentro de su propio oficio. [22] Es decir, es una elección libre y racional, pero inmerso en el ámbito de la propia actividad, no sobre cambiar o decidir otra actividad.



Para Aristóteles la libertad de elección está en función de decidir, una vez conocido, por el Bien Supremo y ejercerlo en la profesión sea la que sea. Es decir, la libertad tiene que ver más con el cómo llevo a cabo mis actividades, que con las actividades mismas. Para él, el Bien es “aquello a que tienden todas las cosas”[23] sin importar a qué te dediques esa será la tendencia en el ser humano.



El Bien Supremo entre todo lo realizable, Aristóteles, lo identifica con la felicidad, que es una “actividad del alma en concordancia con la virtud perfecta”.[24] Cuando Aristóteles nos dice que: “la felicidad será completa y se basta a sí misma por ser el fin de nuestras acciones” [25] nos da otra pista de cómo considera que el hombre debe realizar sus actividades. Posteriormente especifica que sin importar si un hombre se dedica a ser tocador de flauta o escultor o cualquier tipo de artesano, para todos ellos que ejercen una actividad, el bien y la perfección reside en el trabajo mismo.[26] Esto es tomado en cuenta para oficios particulares, pero existe en el hombre en general una forma de vida virtuosa:




…y si admitimos que la función del hombre es una cierta clase de vida, que consiste en una actividad del alma y unas acciones conformes a un principio racional, y la función del hombre bueno es hacer esto bien y sin defecto, y cada cosa es realizada con perfección cuando lo es de acuerdo a la excelencia que le es propia: entonces el bien humano consiste en una actividad del alma conforma a la excelencia (propia del hombre) y, si hay múltiples virtudes y excelencias, conforme a la mejor y más perfecta. Pero hemos de añadir en una vida completa; pues una golondrina no hace primavera, ni tampoco un solo día; y de igual manera, tampoco en un solo dia ni un corto tiempo hacen la dicha y la felicidad.



Considera también que no se le puede exigir a una actividad la precisión o perfección que se requiere para otra distinta que utiliza diferentes tipos de habilidades, así quien requiere las exactitudes matemáticas, no se le exigirían las artes persuasivas o viceversa. Para el ejercicio adecuado de la profesión igualmente se requiere sobretodo poder dominar las pasiones y esto no es algo que hagan con facilidad los jóvenes, aunque se puede ser adulto e incapaz de auto-controlarse y para este tipo de hombres el conocimiento es inútil y será provechoso al que, por el contrario, domina sus inclinaciones y acciones a través de la razón.[27]


Otros dos conceptos en Aristóteles que tienen relación directa con la vocación

-entendida como la vida orientada a la felicidad, en el sentido de conocer el fin perfecto de la profesión u oficio que se ejerce- es sobre la virtud, comprendida como la aptitud con la cuál no se nace, sino se adquiere para llevar a cabo una acción deliberada y libre.[28] Es decir, la virtud sí es nuestra responsabilidad. Por otro lado, ni el Bien Supremo, ni la vida en virtud tendría razón de ser sino fueran en función de una sociedad, ya que para Aristóteles la felicidad individual debemos de encontrarla en la vida común, en la sociedad y en el Estado: [29]



Todo Estado es una comunidad de algún tipo y toda comunidad se establece con vistas a algún bien, porque los hombres siempre actúan para obtener aquello que consideran bueno.[30]


Ahora bien, con respecto a los conceptos de acto y potencia aplicados al hombre y su proceso de alcanzar la felicidad a través de desarrollar de manera virtuosa sus actividades, vale la pena señalar partiendo de que la potencia, de manera general, es la capacidad de algo para modificarse y el acto la realización de esta capacidad[31]. Un hombre en cuanto su oficio o que-hacer humano estará en potencia, es decir tendrá la posibilidad de cambio y movimiento, pero dentro de su propio ámbito de acción; y será acto en cuanto a lo que ya es, así un herrero lo es en acto cuando ese oficio le es el propio y conocido, y es herrero en potencia en cuanto a su posibilidad de ir adquiriendo nuevas habilidades de ser herrero.




CONCLUSIÓN


La vocación no es la profesión que se ejerza, aunque de ella se puede desprender; es la motivación que nos hace elegir una profesión en lugar de otra y la manera misma de vivir la vida más allá de sólo la profesión. Hay diferentes tipos de vocación, como profundidades en la vida humana y es en ocasiones, a veces extremas, como cuando nos encontramos con la muerte o la conciencia de la muerte, que nuestra vocación y nuestra vida pueden toman el mismo curso y se vuelve una profesión vocacional. También es ese momento con toda la conciencia que del momento se desprende, que se puede elegir vivir de manera virtuosa lo que se haga.


Como vimos en los conceptos de Nicol, el hombre puede seguir una vocación sólo en el sentido de lo llamativo de una u otra profesión, y quedarse en ese plano, o buscar la plenitud de una existencia a partir de llevar a acabo su vocación más allá del ámbito de una profesión. El éxito o no de ésta, no depende de la decisión misma, sino del azar y de uno mismo.[32] Este concepto sería más afín a Aristóteles, el cuál encuentra el fin último de todas las cosas, en el bien supremo, que se desprende de la manera en cómo llevamos a cabo nuestras actividades aspirando a ese bien, qué es en última instancia la felicidad.[33] Platón por su parte, sí toma en cuenta que la vida virtuosa tendrá una recompensa, pero no en esta vida, sino justamente hasta después de la muerte donde las almas que actuaron justamente irán a un pasaje celestial y después del proceso ahí vivido podrán elegir de qué manera volverán a encarnar para pagar lo que les corresponda.[34]


Para ambos la forma de ejercer una actividad u oficio, la vocación, está en el alma. Para Platón es un proceso previo a encarnar el tipo de oficio que ejercerá el hombre, según lo vivido por el alma y su cercanía a la verdad, pero después, una vez en la tierra, debe vivir de acuerdo a la virtud, pero esa será decisión libre del hombre durante su vida encarnada, en esto es más parecido a Aristóteles, ya que para él, no hay momento previo a la vida donde el alma del hombre elija a qué se va a dedicar, sino es durante su vida y sin importar tanto el oficio donde el hombre a través de su razón el que elijará cómo ha de llevar acabo su oficio, cómo ha de vivir, virtuosamente y feliz o lo contrario.


Siguiendo a nuestros autores, los tres coinciden de manera igual que el hombre dedicará su vida a algún oficio, y que más que el motivo por el cual lo elija, la vocación del ser humano debiera ser la orientación a la vida virtuosa y así llevar a cabo cualquier profesión, utilizando la razón, alejado de las pasiones y superando así a la profesión misma. De esta manera el impacto de una vida, no lo será sólo en lo individual, sino social, aspecto primordial tanto para Aristóteles, como para Platón.



BIBLIOGRAFIA


Aristóteles. Obras. Traducido por Francisco de P. Samaranch. Madrid: Aguilar SA de ediciones, 1982.



Ciporkin, Martha Beatriz. “¿Vocación o destino?”. Revista Electrónica de Psicología Política. (San Luis, Argentina: 2004). Editado por la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de San Luis Argentina. http://www.psicopol.unsl.edu.ar./junio04_nota1.htm (acceso febrero 2013).



Historia y Arte. “La Antigua Grecia”. (España). Editado por la Asociación Española para la Cultura, el Arte y la Educación ASOCAE O.N.G.D. http://www.cultureduca.com/histart_grecia_econysoc01.php (acceso marzo 2013).



Nicol, Eduardo. La vocación humana. México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Dirección General de Publicaciones: 1997.



Platón. Obras completas de Platón: Fedro o de la belleza. Oviedo, España: 2005. Proyecto de Filosofía en Español. Editado por Patrizio de Azcárate. http://www.filosofía.org/cla/pla/azc02261.htm (acceso febrero del 2013).



Reale , Giovanni y Dario Antiseri.“Tomo I Antigüedad y Edad Media: historia del pensamiento filosófico y científico”. Traducido por Juan Andrés Iglesias. Barcelona, España: Herder Editorial, S.L., 1988.



Rilke, Reiner María. “Cartas a un joven poeta”. México, DF: Distribuciones Fontamara, S.A.: 2008.



Xirau, Ramón. “Introducción a la historia de la filosofía”. México: Universidad Autónoma de México, 2012.



[1] Eduardo Nicol, La Vocación Humana (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997), 20.


[2]Martha Beatriz Ciporkin, ¿Vocación o destino? (San Luis, Argentina: 2004 [citada en febrero 2013] Revista Electrónica de Psicología Política) ed. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de San Luis Argentina: http://www.psicopol.unsl.edu.ar./junio04_nota1.htm


[3]Platón, Obras Completas de Platón: Fedro o de la belleza (Oviedo, España: 2005 [citada en febrero del 2013] Proyecto de Filosofía en Español) ed. Patrizio de Azcárate: disponible en http://www.filosofía.org/cla/pla/azc02261.htm


[4] Platón, Obras Completas de Platón: Fedro o de la belleza (Oviedo, España: 2005 [citada en febrero del 2013] Proyecto Filosofía en Español) ed. Patrizio de Azcárate: disponible en http://www.filosofia.org/cla/pla/azc02261.htm


[5] Giovanni Reale y Dario Antiseri, “Tomo I Antigüedad y Edad Media”, Historia del pensamiento filosófico y científico, Traducción de Juan Andrés Iglesias (Barcelona, España: Herder Editorial, S.L., 1988), 184


[6]Eduardo Nicol, La Vocación Humana (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997).


[7] Eduardo Nicol, La Vocación Humana (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997), 19.


[8] Martha Beatriz Ciporkin, ¿Vocación o destino? (San Luis, Argentina: 2004 [citada en marzo de 2013] Revista Electrónica de Psicología Política) ed. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de San Luis Argentina: http://www.psicopol.unsl.edu.ar./junio04_nota1.htm


[9] Nicol, “La Vocación Humana,” 20.


[10] Eduardo Nicol, La Vocación Humana (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997), 10.


[11] Ibid., 49.


[12] Reiner María Rilke, Cartas a un joven poeta (México, DF: Distribuciones Fontamara, S.A.: 2008), 16.


[13] Aristóteles, Obras, traducción del griego, estudio preliminar, preámbulos y notas por Francisco de P. Samaranch (Madrid: Aguilar SA de ediciones,1982),271.


[14] Eduardo Nicol, La Vocación Humana (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997), 46-48.


[15] Ibid., 51


[16] Platón, Obras Completas de Platón: Fedro o de la belleza (Oviedo, España: 2005 [citada en marzo del 2012] Proyecto de Filosofía en Español) ed. Patrizio de Azcárate: disponible en http://www.filosofía.org/cla/pla/azc02261.htm


[17] Ramón Xirau, Introducción a la historia de la filosofía (México: Universidad Autónoma de México, 2012), 68 .


[18] Platón, El Fedro.


[19] Platón, Obras Completas de Platón: Fedro o de la belleza.


[20] Historia y Arte, La Antigua Grecia (España [citada marzo 2013]Asociación Española para la Cultura, el Arte y la Educación ASOCAE O.N.G.D) disponible en http://www.cultureduca.com/histart_grecia_econysoc01.php



[21] Platón, El Fedro


[22] Ibid


[23] Aristóteles, Obras, traducción del griego, estudio preliminar, preámbulos y notas por Francisco de P. Samaranch (Madrid: Aguilar SA de ediciones,1982),271.


[24] Ramón Xirau, Introducción a la historia de la filosofía (México: Universidad Autónoma de México, 2012), 93.


[25] Aristóteles, Obras, 282


[26] Ibid, 282


[27] Aristóteles, Obras, traducción del griego, estudio preliminar, preámbulos y notas por Francisco de P. Samaranch (Madrid: Aguilar SA de ediciones,1982), 274.


[28] Ramón Xirau, Introducción a la historia de la filosofía (México: Universidad Autónoma de México, 2012), 93.


[29] Ibid., 94


[30] Aristóteles, Política, I.


[31] Ramón Xirau, Introducción a la historia de la filosofía (México: Universidad Autónoma de México, 2012), 84.


[32] Eduardo Nicol, La Vocación Humana, 47


[33] Aristóteles, Etica Nicomaquea


[34] Platón, El Fedro

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